Introducción

- Código de Ética -

Introducción / Código de ética – Introducción

Palabras iniciales

La ética podríamos definirla como la orientación racional de la conducta hacia la consecución de unos fines determinados; fines que evidentemente no pueden atentar contra nuestra condición de seres sociales. Con lo cual afirmamos, que los fines que nos planteemos deben tener presente, que el límite de nuestro bienestar es el bienestar de los otros que comparten nuestra cotidianidad.

Por su parte, el filósofo español, José Ortega y Gasset, afirmaba de la ética:

«Me irrita ese vocablo «moral». Me irrita porque en su uso y abuso tradicionales se entiende por moral no sé qué añadido de ornamento puesto a la vida y ser de un hombre de un pueblo. Por eso yo prefiero que el lector lo entienda por lo que significa, no en contra-posición moral-inmoral, sino en el sentido que adquiere cuando de alguien se dice que está desmoralizado. Entonces se advierte que la moral no es una «perfomance» suplementaria y lujosa que el hombre añade a su ser para obtener un premio; sino que es el ser mismo del hombre cuando está en su propio quicio y vital eficacia. Un hombre desmoralizado es simplemente un hombre que no está en posesión de sí mismo, que está fuera de su radical autenticidad y por ello no vive su vida, y por ello no crea, ni fecunda, ni hinche su destino.»

¿Qué significará entonces para una empresa estar con la “moral en alto”? Lo mismo que para cualquier ser humano, cumplir con las metas propuestas, tener excelentes desempeños, vivir a plenitud.

Por el contrario, se utiliza también la expresión “desmoralizado”, ¿de qué se trata? De que nada sale bien, de que todos los esfuerzos fracasan, no obtenemos los resultados esperados; cunde el desánimo y el desaliento, nada está funcionando.

De esta manera, podemos ver que una empresa con la moral en alto, es una empresa excelente, plena, que cumple a por completo con sus objetivos y metas. Noten entonces, como el uso popular de esa expresión, “estoy con la moral al tope” o “tengo la moral en alto”, se acerca de manera absoluta, al uso técnico del término”Ética” y “Moral”, no así del uso que le hemos venido dando al término que no ha hecho más que desterrarlo del quehacer diario de las actividades humanas en las que nos desenvolvemos.

Afortunadamente la empresa ha venido perdiendo en nuestro medio, la obsoleta imagen de máquina, dirigida en exclusiva a la obtención del beneficio material, y se comprende a sí misma, si es que quiere ser una empresa moderna, a partir de los siguientes rasgos, mismos que le otorgan una profunda eticidad institucional, que por supuesto debe ser la resulta, del esfuerzo de quienes la conforman, por poseer elevados estándares éticos. Pues es un hecho que no existen como tales empresas éticas, sino que están conformadas por personas que viven o no, a partir de unas normas específicas conductuales, los rasgos a los que nos referíamos son los siguientes:

  • Se trata de una organización,
  • un grupo humano,
  • orientado por unos valores,
  • cohesionado por una cultura organizativa,
  • dispuesto a satisfacer necesidades humanas con calidad,
  • pero también a asumir su responsabilidad social con el entorno.

Y como de lo particular, es bueno pasar a lo general y no al revés, no es difícil entonces, imaginar, que la praxis ética de un gremio empresarial, debe pasar también por satisfacer los rasgos antes enumerados, aunque dándoles una modulación particular.

En el caso particular que nos ocupa, el de dotar a la Cámara de Sociedades de Fondos de inversión, de un Código que inspire las mejores prácticas, nos ha llevado a desarrollar un procedimiento que nos ayude a plasmar un texto, que tome prudente distancia del discurso deontológico o legal, y que establezca de la forma más clara, el marco ético de referencia para que sus asociados tengan claro, cuál ha de ser el norte de sus prácticas.

Una cuidadosa metodología: entrevistas individuales con asociados de diferentes perfiles, sesiones de trabajo con la Junta Directiva y personal de planta de la Cámara, así como revisión de documentos, tanto de asociaciones y cámaras de otras latitudes, como emanados por ellas mismas, nos ha permitido ir construyendo el texto que ahora presentamos. Esta metodología se asume, a partir de un criterio fundamental a la hora de elaborar códigos de ética: lo importante no es tanto el producto final, sino el camino recorrido en su elaboración. Esta idea se desprende de aquel postulado fundamental de origen kantiano: “la validez de una norma, pasa porque en su formulación hayan participado todos los que serán por ella afectados”.

Un Código de Ética, que en este caso es sectorial, es un código específico para un sector empresarial y está dirigido a definir y potenciar las prácticas correctas. Su finalidad consiste tanto en evitar las prácticas empresariales que enturbian el sector, como en aprovechar las energías existentes entre las empresas y ponerlas en común, evitando así los costos derivados de la desconfianza.

El Código sectorial es una suerte de “metacódigo”, es decir un código que va más allá del código particular de una empresa; pues su pretensión es otra: servir de inspiración para la creación de los códigos de cada uno de los asociados.

Ahora bien, los Códigos de Ética, no son más que una de las expresiones de la Ética Empresarial, no la única, pues el manejo ético de las organizaciones implica la adopción de una verdadera cultura, que impregne todo su quehacer, y el de todos los que participan de su dinámica; llagando así a convertirse la ética, en un útil instrumento de gestión.

Luego de un tiempo de seria resistencia a plantearse el tema de la ética en las empresas, parece que finalmente hemos caído en al cuenta, de que no es un producto accesorio sino que pertenece a la dinámica misma de la vida empresarial, por cuanto no existe actividad humana que se encuentre al margen de la ética.

La afirmación fundamental en la ética de la empresa y de los negocios, es sostener que los comportamientos éticos son rentables. Lejos de discursos o de elucubraciones filosóficas, probablemente el pragmatismo empresarial, solo se verá interesado en el tema en la medida en que logre descubrir, una vinculación entre comportamientos éticos y rentabilidad; y esto, en materia de ética y empresa afortunadamente es posible.

Sin embargo, no se trata de una rentabilidad fácil o automática, se trata de una rentabilidad exigente, de medianos y largos plazos. Se trata, del mediano y largo plazo de los prudentes y no del corto de los mediocres.

La palabra clave en materia de ética empresarial, es la palabra confianza, y cómo esta es capaz de generar las mejores prácticas y comportamientos en todos los involucrados en la vida de la empresa y de las organizaciones.

¿De qué manera, es capaz la ética de generar ese capital confianza, esa corriente de identificación con los objetivos de la empresa? ¿De qué manera se logra que los actores hacia fuera de la empresa tengan una dosis de lealtad-confianza hacia lo que ofrece la compañía? ¿De qué manera hacia dentro de la organización se gestará una cultura plena de identificación entre fines de la empresa y fines de los trabajadores? La respuesta viene dada por la ética, pero no esa ética entendida de manera simplona o confundida como una suerte de añadido de bondad, sino entendiéndola tal y como lo ha entendido el pensamiento occidental, desde que empezó a reflexionar en ella de manera sistemática, quinientos años antes de Jesús y que tan bien se ve reflejada en la cita del filósofo español con la que abríamos esta introducción.

La Ética, lo hemos dicho ya, es alcanzar la “areté”, la excelencia en el actuar. Lograr que la cotidianidad entre en la lógica de lo bien hecho, de lo óptimo. Es actuar de manera racional, buscando las metas propias que nos hemos planteado, y que responden al fin último de nuestra vida, institución o actividad. Fin que, evidentemente, tiene como límites la felicidad y el bienestar de los otros.
De manera que todo ese discurso moralino, no es más que la reducción de la ética a un sermón dominical, más que a la profundidad y alcances reales del término, que, como se ve, está vinculado con lo mejor, con la búsqueda de la excelencia, con la plenitud de lo humano.

Es por eso que la ética compete a todo quehacer humano, porque todos ellos implican acciones – realizadas, sería deseable, de manera óptima-, guiadas por la razón y orientadas a cumplir metas, que deben a la vez respetar la libertad del otro y su propio proyecto de bienestar.

Y si afirmamos que compete a todo quehacer humano, por supuesto que extendemos esta afirmación, al quehacer empresarial y de los negocios.

El tema de la vinculación de la ética a la vida de la empresa y de los sectores empresariales, se ha venido constituyendo en una de las áreas más especializadas de la ética aplicada,. Esta vinculación a la que hacemos referencia, se basa fundamentalmente en cuatro puntos:

  1. La proliferación de las malas prácticas empresariales: la ética se plantea como garante del capital confianza. (Esta dimensión se refiere a las relaciones entre empresas y sectores)
  2. La insuficiencia del derecho: la ética se presenta como complemento de la dimensión jurídica, puede resolver conflictos allí donde el derecho no puede llegar o no es conveniente que lo haga. (Hacia dentro del mundo de la empresa y regulando las relaciones entre empresas y sectores)
  3. Afirmación de la imagen social de la empresa: es decir, el valor de la empresa como institución social –reafirmado por la crisis del Estado de Bienestar-, la ética se constituye como factor clave de credibilidad social. (Relaciones entre empresa y sociedad)
  4. Necesidad de un nuevo diseño empresarial: nuevo clima empresarial basado e el diálogo y el acuerdo como factor clave en la reducción de los costes de coordinación y como potencial de innovación. (Relaciones al interno de la organización, manejo ético de los recursos humanos, códigos de ética, gestión por valores, etc)

Nuestro más sincero deseo, es que este Código de Ética, colabore a fomentar la confianza, a partir del ejercicio de las mejores prácticas empresariales.

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